LA
ALTERNATIVA: OSCURIDAD
2003-03-14
La
crisis mundial nos hace pensar y también conjeturar. La guerra inminente está
en la lógica del imperialismo norteamericano. Puede desencadenar procesos tal
vez incontrolables y preanunciar catástrofes de dimensiones aterradoras para el
futuro de Gaia y de sus hijos e hijas. Invoco a dos respetables analistas de la
política mundial, uno liberal, Samuel P. Huntington y otro marxista, Eric J.
Hobsbawm, para dar consistencia a mis conjeturas.
En
su conocida obra La era de los extremos (1994) dice Hobsbawn en la última frase
del libro: “No sabemos hacia dónde vamos. Sin embargo, algo es seguro: si la
humanidad quiere tener un futuro reconocible, no podrá ser prolongando el
pasado o el presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre esta
base, fracasaremos. Y el precio del fracaso, o sea, la alternativa para el
cambio de sociedad, es la oscuridad” (p. 562).
Bush
y aliados están prolongando la lógica del pasado y, consecuentemente, están
produciéndonos oscuridad. Oscuridad que uno de los principales científicos
políticos norteamericanos y consejero del Pentágono, Huntington, nos proyecta
con tonos dramáticos al final de su famoso libro El choque de civilizaciones
(1996, págs. 398-405). Según él, hacia el 2010 estallará una guerra
intercivilizacional mundial, involucrando estados-núcleo de civilización como
los EUA y sus estados-miembros (Europa y Rusia), y la China y sus respectivos
estados-miembros (Japón, Pakistán e Irán). La devastación general mutua, mediante
armas convencionales o nucleares, será de tal magnitud que producirá una
drástica decadencia del poderío económico, demográfico y militar de los
contendientes. La hegemonía mundial que durante siglos se situaba en el Norte,
se fijará entonces en el gran Sur. Aquí en el Sur -siempre según Huntington-
India e Indonesia, libres de esa terrible devastación, tratarán de reformular
el mundo según sus paradigmas. Y yo añadiría Brasil, la principal potencia de
los trópicos, con recursos estratégicos para la humanidad, como agua potable,
biomasa y biodiversidad, junto con una razonable acumulación de masa crítica
(un día consideraremos su posible función central en la remodelación de la
Tierra bajo otro paradigma no-imperial). América Latina promoverá un plan Marshall
para levantar a Estados Unidos… ¡Quién lo diría!
Este
panorama tal vez no sea tan fantasmagórico como parece. El detonante de la
guerra mundial estaría en el Estado-núcleo occidental, irremediablemente
intervencionista, porque sus líderes creen que la civilización occidental es la
más elevada y la más racional de todas. Fue ella quien introdujo el
cristianismo, el valor del individuo, los derechos humanos, el imperio de la
ley y la democracia. Por eso debe ser llevada, como opción única, a todos los rincones
de la tierra y moldear la mundialización. Así lo declaró el corto de luces y
escrúpulos, Silvio Berlusconi.
Ahora
bien, la pretensión de universalismo de la cultura occidental conduce
irremediablemente al imperialismo, que adquirió cuerpo y fuerza con Bush. Con
la intervención en Irak pretende rediseñar toda la política del Oriente Medio
de matriz musulmana, garantizando además a Occidente el abastecimiento de
petróleo que necesita. Aquí reside la causa inmediata de la guerra actual y de
la rabia contra Occidente, matriz de futuros conflictos y de más terrorismo
mundial.