No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
Que un silencio sin fin sea tu escudo
Y al mismo tiempo tu perfecta espada.
No llames sí la puerta esta cerrada,
No llores si el dolor es más agudo,
No cantes si el camino es menos rudo
No interrogues si no con la mirada.
Y en la calma profunda y transparente
Que poco a poco y silenciosamente
Inundará tu pecho de este modo.
Sentirán el latido enamorado
Conque tu corazón recuperado
Te irá diciendo todo, todo, todo.
F. Luís Bernardez